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guardia imperial, inquisicion, inquisidor, reencuentro, tanith
Llovía sobre la gran ciudad-colmena de Hagia Capitol, la actual capital de todo el Segmentus Pacificus. La lluvia repiquetea en el gran mirador del inconmensurable despacho de Kiodrus. Él se encuentra sentado en su cómodo y carísimo asiento de cuero de Zooter, disfrutando de un amasec de sesenta años destilado en las mejores destilerías de Terra y observa el vasto conglomerado de edificios y factorías gracias a una cristalera que le permite ver todos los altos edificios de la capital. Solamente la alta torre plateada del Monasterio de Santa Bottina se alzaba más alta que su despecho.
La puerta se abrió sigilosamente y tras unos segundos se volvió a cerrar. La visita que esperaba acababa de hacer su aparición. Le fastidiaba tener esa reunión a esas elevadas horas de la madrugada pero era algo que él no podía elegir.
Lord Kiodrus giro lentamente su sillón para encararse con su recién llegado. Entre las sombras del despacho, levemente iluminado por la luz de dos generadores lumínicos a baja potencia, la figura era imponente y parecía como si alrededor de ella la oscuridad fuera más intensa. Seguramente, pensó Kiodrus, estaría usando alguno de sus poderes psíquicos para ocultar su apariencia. Intento recordar el rostro de aquel visitante, ya que no era la primera vez que lo visitaba, pero en seguida se dio cuenta que no tenía ninguna imagen clara de su rostro en sus recuerdos.
El Inquisidor Jacobus Midas había llegado a Hagia hacia un tiempo, según sus fuentes de información, pero hasta el momento no se habían reunido nunca, a pesar de las muchas invitaciones que Kiodrus le había ofrecido. Ahora había sido Midas quien había solicitado una reunión lo más reservada posible a esas altas horas de la madrugada. Lord Kiodrus había pensado en denegar la reunión, en venganza por sus numerosos rechazos, pero no quería irritar a unos de los Inquisidores más poderosos e implacables del Ordo Xenos. No era una persona para tenerla de enemigo. Así que acepto.
El inquisidor se acerco un poco más y tras unos segundos de silencio, observando a Kiodrus sin mostrar ningún rasgo de su rostro, gracias a la oscuridad de la habitación, giro hacia el ventanal dándole la espalda.
“Gracias por haber aceptado mi petición para esta reunión. Se que son horas en las que usted suele dormir pero quiero que este asunto se conserve con la mayor prudencia posible. He venido a su planeta porque he recibido unos informes de una fuente anónima, pero que creemos bastante fiable por la detallada información que nos ha aportado y por el uso del código Azul Celeste que ha usado. En dicho informe no aparece muy bien su actuación como gobernador de este planeta y el resto del sector.” Termino suavemente como soltando las palabras con cierta musicalidad.
“Hago todo lo que puedo por ser una luz en toda esta oscuridad, Señor”. Dijo Kiodrus.
“Según el informe recibido, se han detectado piratas eldars en todos los núcleos de su sector, incluido aquí, en la capital. Incluso otras fuentes que hemos investigado, nos han revelado que usted mismo y algunos de los miembros de su consejo de gobierno también han realizado negocios con ellos.” siguió armónicamente diciendo el inquisidor sin cambiar en ningún momento el tono o la velocidad de las palabras. Todo en él, era tranquilidad.
“Así que espero, primero su colaboración para finalizar rápidamente con estas prohibidas relaciones con los herejes eldar y segundo, toda la información que necesito para acabar con ella. Supongo que querrá colaborar, ¿No es así Lord Kiodrus?”.
Una pequeña y maliciosa sonrisa apareció en el rostro del inquisidor, pero era tan leve que era imposible que Kiodrus la hubiera percibido.
El comisario se giro y se encamino hacia la puerta con un paso lento y muy medido. Se acerco a la puerta, pulso el interruptor de abertura y antes de salir por la recién abierta esclusa comento:
“Para mañana espero un detallado informe hecho por usted con toda la información que usted pueda proporcionarme. Espero que no intente ocultarme nada y mucho menos engañarme. Por su bien, lo espero. Gracias por la velada Lord Kiodrus. Ha sido muy gratificante hablar con usted. Mañana a la misma hora recibirá la visita de uno de mis ayudantes para recoger el informe. Ahora me marcho, quiero ver a un viejo amigo que hace mucho tiempo que no veo. ” termino diciendo. Y acto seguido salió por la puerta abierta y poco a poco desapareció el sonido de sus pasos.
El gran jefe supremo del Segmentus Pacificus acababa de ser amenazado por la Orden Inquisitorial y eso, lo sabia Kiodrus, era muy peligroso, fuera cual fuera su alto cargo. Los Inquisidores estaban fuera de toda ley y actuaban sin impedimento alguno. Su vida, corría grave peligro si no revelaba todo lo que sabía. Cogió papel y su pluma de Nacar de Prioritanio y comenzó a escribir. A pesar de las altas horas de la madrugada que eran, no tenía nada de sueño. Y menos sabiendo que el gran Inquisidor Jacobus Midas estaba tras él.
Continuara…

